Entrevistas

Roger Hodgson en "Efe Eme" (Octubre 2005)

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Entrevista publicada en el especial dedicado a Supertramp en el número de Diciembre de 2005 de la revista musical española "Efe Eme".

PREGUNTA: Roger, en España Supertramp fueron más que un grupo de éxito, casi un fenómeno social, una especie de banda sonora para una generación. ¿Lo sabías?

ROGER: Desde el principio hubo algo especial, un romance, entre Supertramp y el público español. Tuvimos mucho éxito en todo el mundo, pero definitivamente lo que sucedía en España era diferente. Cuando fui a tocar a Madrid en julio pasado sentí que eso seguía ahí, y espero que continúe cuando regrese en el 2006, porque yo también me siento especialmente bien en España.

PREGUNTA: ¿Qué crees que marcó la diferencia entre Supertramp y otras bandas de vuestra generación, que lo hacía tan perfecto?

ROGER: Creo que lo que nos hacía realmente diferentes era que teníamos muchas influencias donde elegir, no queríamos ser parte de un género, otra banda progresiva o sinfónica más... Rick estaba más interesado en el jazz y yo en cambio estaba más cerca del pop y el rock. The Beatles fueron capitales en mi manera de entender la música. El contraste funcionó desde el primer momento y cuando John y Bob entraron en el grupo y aportaron sus propias ideas algo hizo “clic” y empezó a funcionar. Sabíamos que teníamos “el grupo”, que no teníamos que mirar lo que hacía otra gente. Aunque no teníamos mucho en común, o quizás por eso, Rick y yo nos complementábamos perfectamente, sus ideas tenían un peso bastante fuerte en mis canciones y yo aporté mucho en cuestiones de armonía y melodías a las suyas. Y John, sobre todo, aportó un sabor jazzy que le daba mucha riqueza a la interpretación. Era un potpurrí de colores y sonidos que hacía que todo sonara diferente, y al mismo tiempo, cercano, familiar. Mientras trabajamos juntos, el resultado era difícil de mejorar.

PREGUNTA: Muchos tenemos recuerdos asociados a canciones o incluso simplemente a sonidos de vuestras canciones (el piano de “Fool´s overture”, sin ir más lejos). Supongo que a ti te sucederá lo mismo.

ROGER: Sí, establecimos algunas “marcas de fábrica” que marcaron una época, como el sonido del piano Wurlitzer, entre trucos. Tengo todos aquellos sonidos programados en mis teclados, porque ahora no es necesario llevar encima todo lo que entonces era necesario para sonar así. Y por supuesto está mi voz, que mucha gente considera parte de la “firma” del sonido Supertramp. Así que es emocionante cuando en mis conciertos rescato algunas de esas viejas canciones, como “Dreamer” o “Take the long way home” y puedo notar desde el escenario como, desde la primera nota, la gente se traslada a los días de su juventud, a aquellos tiempos en los que yo también era algo más joven y la banda vivía una era dorada. Y, lógicamente, aquello también me devuelve mi recuerdos. Y, sí, es emocionante compartirlo sobre un escenario.

PREGUNTA: ¿Y no te has cansado de escuchar algunas en las radios de “oldies”? Quizás se abuse siempre de cuatro o cinco cuando tenéis muchas más grandes Canciones. ¿Cuáles son, en tu opinión, las que han aguantado mejor el paso del tiempo?

ROGER: Bueno, la verdad es muchas de mis canciones para Supertramp siguen sonando bastante en la radio y tengo que confesar que no me molesta, que me sigue gustando escucharlas. No suelo cambiar de emisora cuando las programan. Quizás lo que me sorprende es que las que siguen siendo más populares son las que escribí cuando era un adolescente, antes incluso de conocer a Rick y formar la banda. Y de eso hace casi cuarenta años. Canciones como “Dreamer”, “Take the long way home”, “The logical song” y “Give a little bit” siguen vivas, creo que la mejor prueba de ello es que a mí me gusta cantarlas aún hoy, me siguen pareciendo tan buenas como la primera vez que las grabé con Supertramp. Hoy en día, suelo abrir mis canciones con “Take the long way home”. “The logical song” es líricamente mi favorita. “It´s raining again” y “Breakfast in America” creo que son estupendas para tararear mientras las escuchas, que es algo que me gusta mucho hacer. Y “Give a little bit” es mi “pequeña”, mi “baby”. Es con la que cierro mis conciertos porque hay un espíritu de felicidad en ella, realmente abre a la gente, todo el mundo confraterniza, se van realmente felices o al menos contentos a casa, a veces veo a algunos que lloran y al mismo tiempo mantienen una sonrisa. No sé cómo sonará esto, pero creo que es algo mágico poder crear algo así, aunque sea momentáneo, un sentimiento de unidad y armonía que creo que es algo que al mundo de hoy en día le viene muy bien.

PREGUNTA: Ahora parece que ha vuelto aquel espíritu sesentero, adolescente y pop, de que lo importante era escuchar canciones, y que no hay tiempo para interpretarlas y mucho menos para dedicarle una hora a un álbum completo. Sin embargo, yo creo que para disfrutar realmente de un grupo como Supertramp se necesita un poquito más de dedicación y sobre todo escuchar los discos al completo.

ROGER: Pienso lo mismo, creo que algunos de nuestros discos tenían una magia muy especial que sólo se apreciaba si los escuchabas al completo. “Crime of the century” es un buen ejemplo de ello. Le dediqué horas, días enteros, a encontrar la perfecta combinación entre las canciones, en buscar el ritmo que convirtiera la escucha en una experiencia más profunda. Experimenté una y otra vez, cambiando el orden de las canciones, de cada fragmento de música, para encontrar el “viaje emocional” que queríamos que fuera el álbum. La idea era que cuando acabaras de escucharlo, pensaras: “Guau, he estado en otro lugar”. Pero tampoco nos olvidábamos que las canciones iban a ser escuchadas por separado por mucha gente. Al fín y al cabo, parte de nuestras influencias venían del pop y en concreto los Beatles me habían marcado en la adolescencia, así que tenía claro que cada tema debía contener su propio mundo, un sabor particular. Muchas de mis canciones de aquella época las escribí siendo un adolescente que buscaba un significado más profundo a todas las cosas, y sobre todo muchas respuestas. Llevaba casi diez años de escuela y creía que era hora de hacer y contestar mis propias preguntas. Eso creo que se nota en mis letras. Algunas veces, como en “The logical song”, simplemente creía que jugaba con las palabras, pero luego he comprendido que había algo más profundo y personal en ella. Ahora creo que el significado de esa canción era preguntarme si tantos intentos por convertirme en alguien socialmente aceptable, en una persona normal, no me estarían convirtiendo en un vegetal. Quería saber quién era yo realmente. Creo que es una pregunta bastante importante escondida en una canción pop, en unos minutos de pura diversión. En cierta manera el mayor valor de Supertramp se basaba en eso, que éramos capaces de hacer LPs que pudieran escucharse con mayor detenimiento y te abstraían de la realidad, de lo que te rodeaba, pero que también podíamos hacer canciones pop para todos los públicos que, al mismo tiempo, te llevaban a hacerte muchas preguntas sobre tu vida, sobre lo que te rodeaba. Así que, tanto tiempo después, esas canciones siguen significando algo, aunque se escuchen fuera del contexto original del álbum.

PREGUNTA: También me encantaban vuestras portadas; muchas de ellas se han convertido en iconos de la época. ¿Les dedicabais mucho tiempo o eran hallazgos casuales?

ROGER: No, no era casual, nos lo tomábamos bastante en serio y le dedicábamos bastante tiempo y cuidado. No es que el concepto partiera siempre de nosotros, como ocurría en todo lo demás, pero nos gustaba implicarnos creíamos que era una buena rúbrica para que cada disco rozara la perfección. Nunca quisimos que apareciera una foto nuestra en la portada, estábamos más interesados en buscar algo que representara el sentimiento del disco y el tiempo en el que lo habíamos concebido. Cuando el álbum ya estaba terminado, solíamos sentarnos con los bocetos y discutir sobre ellos durante horas, o el tiempo que consideráramos necesario, mientras oíamos la música. “Breakfast in America” es quizás la mejor; recuerdo que las primeras pruebas eran con una camarera mucho más joven y sexy y sabíamos que algo no cuadraba. Así que cogimos los catálogos de la agencia de modelos y los exploramos a fondo, pero todas eran iguales. Les pedimos otros, no entendían lo que buscábamos y les dijimos que ueríamos una camarera que realmente pudiera encontrarse en un bar. Y al mismo iempo que fueran alguien especial, que se quedara en tu memoria por algo. Y la
encontramos. Creo que la portada sobrevive porque ella le dio personalidad, un uiño cotidiano, y al mismo tiempo, creíble e identificable a primera vista.

PREGUNTA: ¿Crees que llegasteis a ser el equivalente a los Beatles de los setenta?

ROGER: Para mí es un orgullo simplemente que alguien insinúe algo así, porque sus anciones fueron mi mayor fuente de inspiración. Cuando era un adolescente, me nseñaron hasta dónde se podía llegar con la música, transformaron totalmente mi vida y creo que también contribuyeron a cambiar el mundo en cierta medida. Fueron la revolución que todos estábamos esperando. Pero quizás sí que me ayudaron a tener ese sentimiento de que tenía que escribir canciones, e intentar a que contribuyeran a hacer el mundo algo mejor. Nos hizo trabajar sin descanso, tratar de ser mejores en cada disco, en cada gira. Creo que la existencia de los Beatles nos hizo ser mejores a toda una generación de bandas. Honestamente, no creo que nosotros llegásemos a ser algo así, aunque creo que hicimos canciones muy buenas.

PREGUNTA: ¿Realmente os gustaba ser antiestrellas?

ROGER: Sí, nos gustaba ser un grupo sin cara. Nunca intentamos ser estrellas, sólo queríamos hacer buenas canciones. Con eso era suficiente.

PREGUNTA: ¿Crees que ahora os habría sido más fácil conseguir el sonido que buscabais? Hay más medios técnicos, más posibilidades.

ROGER: No, creo que todo salió tal como lo planeamos; la discográfica tuvo la suficiente paciencia para esperar resultados y en esos primeros años aprendimos mucho y pudimos encontrar nuestro propio estilo. Ahora quizás tengas a tu disposición mejores medios técnicos y más información desde el principio, pero la presión de las discográficas sobre los grupos es mucho mayor. No creo que
hubiéramos podido esperar al tercer disco, como hicimos, para obtener resultados creativos y comerciales. Ahora me divierto con las nuevas tecnologías, y creo que puedo hacer cosas muy buenas gracias a ellas, pero cuando grabamos, por ejemplo, Crime of the Century, no había lógicamente un solo ordenador en el estudio, por lo que tuvimos que hacer grabaciones y grabaciones de efectos para conseguir unos resultados que realmente no pudimos calibrar hasta las mezclas no estuvieron completamente terminadas, ya que tuvimos que mezclar cada canción en fragmentos de apenas diez segundos. Pero aquello le dio una textura que no creo que hoy sea posible conseguir. Recuerdo que cuando escuchamos “Rudy” o “Hide in your shell” una vez terminados nos quedamos perplejos. Ni siquiera dábamos crédito a que la hubiéramos hecho nosotros, estaba por encima de lo que habíamos pensado.


PREGUNTA: Para terminar, me gustaría que hicieras un breve comentario sobre los discos de Supertramp en los que estuviste involucrado.

ROGER. Bueno, fueron catorce espléndidos años entre 1969, cuando comenzamos a tocar juntos Rick y yo, hasta la gira de Famous Last Words, cuando dejé el grupo. Creo que el primer disco de lo que realmente ha sido Supertramp fue el tercero.
 
Crime of the century, que es en el que quizás se puede apreciar con más fuerza el espíritu del grupo. Estuvimos tres meses en una casa en el campo, ensayando y experimentando todos juntos, y de ahí surgió un sonido que desarrollaríamos durante muchos años.


Crisis? What Crisis? Lo recuerdo como un disco difícil, porque tuvimos muy poco tiempo para escribir los temas y trabajarlos y mucha presión externa e interna para volver a hacer un disco tan bueno como el anterior. Me gustan mucho sus canciones, pero creo que el sonido no es bueno, a causa de las mezclas; teníamos que salir de gira y no les dedicamos el tiempo suficiente.

Even in the quietes moments fue un disco en el que volqué toda mi energía, en mucha mayor medida que Rick. A veces incluso ni aparecía por el estudio. Él acababa de conocer a Sue, que sería su mujer, y estaba completamente centrado en ella. Lo trabajamos en Colorado, en un estudio en las montañas, y él odiaba estar allí, tan lejos de ella. Creo que el disco refleja muy bien un momento de búsqueda en mi vida, con canciones como “Fool´s overture”, “Even in the quietest moments”, “Babaji” o “Give a little bit”. Mi vida espiritual era muy fuerte, era un tiempo de descubrimiento para mí y eso traté de llevarlo a las canciones de este álbum.


Breakfast in America fue un trabajo realmente duro. Nos costó ocho meses acabarlo, pero sabíamos que merecía la pena. Muchas de las canciones que aparecen las había escrito originalmente cuando era una adolescente y estaba descubriendo la vida; de una manera más adulta y espiritual, estaba viviendo un período muy similar. Recuerdo que iba al estudio todas las mañanas y me quedaba hasta la noche, puliendo cada nota y cada sonido hasta que todo quedaba perfecto, tal como lo imaginaba. El resto del grupo me decía que estaba volviéndome loco, pero yo sabía que era necesario hacerlo así. Y lo era, vendimos 18 millones de discos y fue número uno en casi todo el mundo, y significó mucho para mucha gente. Pero el desgaste para el grupo fue inmenso, el éxito supuso pagar un peaje que acabó con la magia. Nunca más me divertí haciendo música con Supertramp.


Famous last words fue un disco muy difícil, por eso lo llamamos así, porque sabíamos que se acababa todo, que no volveríamos a hacer nada juntos. Había grandes canciones que al final nunca llegaron a grabarse, o se quedaron fuera por otras peores. Algunas acabaron en mis discos en solitario, otras en los que hicieron una vez que yo me marché del grupo. Creo que si realmente nos hubiésemos olvidado de los problemas entre nosotros habría sido un álbum muy distinto, quizás el mejor que nunca llegamos a editar. Pero era tan complicado tomar decisiones y trabajar en las canciones que al final se quedaron las más sencillas de terminar, las más simples. En las mías, en su gran mayoría ni siquiera toca el resto de la banda, me quedaba solo en el estudio y las acababa por grabar a mi manera. Creo que los últimos discos de los Beatles también se grabaron así, pero no fue agradable. No hay nada de magia en eso.

PREGUNTA: Y un comentario sobre tus canciones favoritas para el grupo.

ROGER: Escribí Dreamer en casa de mi madre, cuando era un adolescente. Muchos años más tarde fue mi primer gran éxito con el grupo. Creo que siempre he sido un soñador y por eso me salió de una manera casi natural; recuerdo que hice una maqueta en un viejo casete, al principio sin letras. Simplemente cantaba lo que se me ocurría, palabras sueltas, y poco a poco fueron formando versos y finalmente la letra. Me acuerdo que en la maqueta usaba una caja de madera como percusión, y el ruido de bolsas al reventarlas. Cuando tratamos de grabarla, ya en el grupo, no podíamos igualar la magia de aquel día. Así que pusimos la cinta y tratábamos de tocar encima, probar nuevos trucos, nuevos sonidos, hacer todo tipo de locuras para recrear el ambiente de aquella primera vez en mi habitación, y, finalmente, cuando ya estábamos cansados y simplemente nos dejamos llevar, lo conseguimos.


“The logical song” trata de mis días en la escuela, de cuando tenía diez años y cómo fui creciendo hasta que me fui de allí. Cuando yo era un chaval, era bastante feliz, pero la escuela era demasiado para mí; así que es plenamente autobiográfica. Quería que alguien me dijera quién era yo, hacia dónde tenía que ir mi vida, cómo ser feliz, pero sólo me decían que tenía que hacer las cosas de una manera lógica. Mis años en la escuela me dejaron muchas preguntas sin responder y creo que la mayor parte de mi labor como escritor ha consistido en tratar de responderlas.

“Breakfast in America” es una canción mucho más sencilla, que también escribí siendo un adolescente, pero ésta trata simplemente de mi sueño de ir a América, y ver a todas aquellas chicas de California.
 
“Take the long way home” quizás sea mi favorita, la que más quiero. Normalmente empiezo mis conciertos con ella, porque tiene algo de magia. Tiene dos niveles: uno es el evidente, el otro, el más profundo, habla del camino hacia uno mismo, hacia tu yo interior, para descubrir qué es lo que hay dentro de ti.

Pero aún sigo haciendo canciones, sigo actuando en solitario porque la gente me lo pide, a veces en solitario, y en ocasiones con grupo e incluso orquesta, y en estas ocasiones me gusta recuperar “Fool´s overture”. Me gusta la vida, la gran variedad de opciones que tienes para vivirla, las elecciones que se te ponen por delante y me sigue ilusionando ser un músico, aún me creo capaz de hacer canciones con las que te he comentado, me divierto más que nunca haciendo música, escribiendo nuevos temas y actuando. Creo que el futuro aún me depara grandes sorpresas.

PREGUNTA: Y entre ellas, ¿quizás un nuevo disco junto a Supertramp?

ROGER: Creo que no, alcanzamos nuestro mayor nivel hace ya mucho tiempo, no creo que podamos superarlo. Creo que lo hicimos entre Crime of the Century y Breakfast in America y fue lo mejor que podíamos dar juntos, los cinco éramos una combinación perfecta. Es algo palpable en Retrospectacle, el disco que se ha editado ahora y que recoge muchas canciones de aquella época y otras anteriores y posteriores. No estoy completamente de acuerdo con la selección, aunque muchos de los temas son míos, pero es lógico que las haya elegido Rick, porque yo llevo 22 años fuera del grupo. Es un gran legado para mucha gente que nos escuchó en su momento y otros que nos descubrirán ahora. No creo, sinceramente, que lo pudiésemos mejorar aunque nos juntásemos de nuevo los cinco. Creo que ahora son un buen grupo, pero un grupo muy diferente, como también yo soy otro músico muy distinto al que era entonces, y que sería imposible volver a capturar la magia. Es mejor dejarlo como quedó.