Crónicas de concierto

Roger Hodgson en Cascais ("Cotonete", Septiembre 2013)

Publicado en Crónicas de conciertos

Crónica de Daniela Azevedo sobre el concierto de Roger Hodgson en Cascais, publicada en el portal musical portugúes "Cotonete".


En la primera noche del festival ERP Remember Cascais, la música no dejó de sonar hasta las 2 de la madrugada. El cabeza de cartel de esta primera jornada fue Roger Hodgson, legendario cofundador de Supertramp, cuya dilatada trayectoria hace que sus antiguos fans necesiten muy pocos argumentos para convencerse de que deben comprar una entrada. Inversión que será siempre, en principio, muy rentable.

El compositor de clásicos como ‘Take the long way home ‘,'’School’, ‘Lady’ o ‘In jeopardy’ (el último de los cuales ya pertenece a su carrera en solitario) ofreció un concierto hermoso. No merece la pena utilizar adjetivos muy elaborados para intentar, en vano, expresar con palabras las emociones que allí se vivieron. El concierto de Hodgson, que puso fin a su gira europea, fue simplemente hermoso.

Con una calidad de sonido que rozaba la maestría, algo que, admitámoslo, no suele ser habitual en un festival, canciones como ’Dreamer’, ‘Breakfast in America’ o ‘Fool’s overture’ nos hicieron tener la certeza de que la calidad no tiene fecha de caducidad ni está sujeta a las modas. Es eterna y nos llega con la madurez que permiten las diferentes edades. Antes de sentarse al piano, el músico le recordó al público que a veces hay que sufrir para alcanzar el amor, “porque el amor es el más importante de la vida". Y entonces tocó ‘Lovers in the wind’.

A lo largo de las casi dos horas de espectáculo, nos alegramos de comprobar que el registro vocal único de Hodgson ha perdido poco o nada desde los tiempos en que lideraba su antigua formación. Su expresividad no dejó al público impasible ni durante la interpretación de los temas más tranquilos que hicieron historia en los años 70. Si cerrabas los ojos te parecía que sobre el escenario estaba Supertramp, aunque hacerlo no era lo más indicado ya que no todos los días puede verse en carne y hueso a un artista como él.

La voz de Hodgson tiene tanto de británica como de contraste con la exótica decoración del escenario, la cual incluía una serie de palmeras. Y fue genial escucharle hacer una breve presentación de prácticamente todas las canciones, así como saber que es un fan de Portugal: “Me encanta vuestro país, sobre todo porque tiene una historia rica y hermosa, y eso se percibe en el pueblo portugués. Gracias por habernos recibido, más todavía en una época en la que sabemos que estáis atravesando dificultades”.

Casi nadie es indiferente al sonido de Supertramp, pero no es menos cierto que muy pocos asociaban el nombre de la banda al de Hodgson. Y decimos “asociaban”, pretérito imperfecto de indicativo, porque después de esta noche Hodgson se ha convertido en una referencia para el público portugués.

La armónica tuvo un sonido idílico en una noche que hizo feliz al público. Y si el músico comenzó elogiando nuestra historia, también apostó por otros temas de actualidad, como el creciente interés que han ido ganando los movimientos por los derechos de los animales. Los escalofríos y las lágrimas afloraron con ‘Death and a zoo’, de su álbum en solitario ‘Open the door’ publicado hace 13 años.

‘The logical song’, ‘Dreamer’, ‘Give a little bit’ e ‘It’s raining again’ sonaron al final del concierto y durante los bises, bendiciendo el viaje de vuelta a casa de los pocos espectadores que aguantaron hasta el final de la actuación. Eso, a pesar de las repetidas ocasiones en las que el cantante se dirigió a la audiencia con frases como: “¿Aún no os habéis dormido?”, “¿No tenéis que iros a la cama?” o “¿Todavía no estáis cansados?”.

Esta primera noche del festival, y especialmente el concierto de Hodgson, se merecían una mayor afluencia de público. No es que fuese un mal público, pero ni siquiera llenaban la mitad del aforo del hipódromo. Aunque los bises permitieron que el público, que a lo largo del concierto se había mantenido muy silencioso, casi en contemplación absoluta, se pusiera a cantar, a bailar y a saltar mientras hacían algunas fotos más para confeccionar un buen álbum con el que recordar las emociones vividas.