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John Helliwell en "Classic Driver" (Junio 2017)

Publicado en Entrevistas

Última actualización en Viernes, 28 Julio 2017 09:25

James Bannister, de la revista especializada en motor y accesorios "Classic Driver", entrevistó al saxofonista de Supertramp respecto a su conocida afición a las motocicletas y los relojes.


Durante la época en la que actuaba en estadios abarrotados y llevaba por todo el mundo la música que conformó la banda sonora de una generación, se avivó la pasión de John Helliwell por los artefactos horarios y mecánicos. Nos reunimos con él en Londres para tomar un bocado y para que nos contase algunas cosas sobre todas esas máquinas.

Después de haber preferido la vida de músico a la de programador informático, el rol de Helliwell como saxofonista de Supertramp le hizo viajar a todas partes con el famoso conjunto de rock inglés. Al conocer su afición por los relojes, las motos y los coches, disfrutamos con él de un copioso almuerzo en The Bike Shed Motorcycle Club mientras descubríamos cuáles son sus gustos.


PREGUNTA: ¿Cuándo empezaste a interesarte realmente por los relojes?

JOHN: Antes de empezar nuestra gran gira de 1983 tuvimos que promocionarla por todo el mundo, y viajé a Sudamérica, Sudáfrica y Europa. Cuando llegué a Suiza decidí que aquel era probablemente el mejor lugar para comprarme un buen reloj. Por entonces yo tenía un Timex y compré dos Rolex Datejust, uno para mí y otro para mi mujer. Desgraciadamente, algún tiempo después perdí el mío en el mar mientras estaba nadando en Santa Bárbara, y me compré un IWC. Esa marca me encanta, y desde entonces siempre he llevado uno.

PREGUNTA: ¿Cómo comenzó la relación que tienes con IWC?

JOHN: Fue alrededor de 2002. Estaba visitando a un amigo en Zurich y le sugerí hacer una visita a la fábrica. Creía que iba a formar parte de un gran grupo junto a otros turistas, pero cuando llegamos nos estaba esperando en la puerta Georges Kern, el director general de la compañía, que era fan de Supertramp. Un par de semanas después me llamó y me pidió que actuase en Ginebra para el lanzamiento del modelo Jacques Cousteau Aquatimer, y tocamos algo de jazz y algunas canciones de Supertramp para él. Desde entonces Georges me ha seguido invitando y yo he permanecido en contactó con él. Me encantan los diseños clásicos como Big Pilot y Portuguese.

PREGUNTA: Volviendo a tu época de Supertramp, ¿durante las giras había tanto glamour y tantos excesos como dice el tópico?

JOHN: Salir de gira era un trabajo muy duro, y nuestra música era bastante seria, así que teníamos que estar sobrios para tocarla. No podíamos hacer los excesos que podían hacer otras bandas de la época. Cuando llegábamos a una ciudad nueva, me gustaba visitar las tiendas de relojes y ver qué había por allí. A eso me dedicaba.

PREGUNTA: Cuando Supertramp se formó, ¿era habitual que los músicos de rock tuvieran una moto?

JOHN: No, no era habitual. Yo no empecé a montar en moto hasta que me fui a vivir a los Estados Unidos, y ninguno de los demás miembros del grupo mostró interés alguno por las motos. Sin embargo, el batería tenía un Corvette cuya matrícula era “GETAJOB” (“BUSCOTRABAJO”), por lo que la policía le paraba bastante a menudo.

PREGUNTA: ¿Cuándo empezaron las motos a ser una parte importante de tu vida?

JOHN: Cuando vivíamos en California en 1976 me aficioné a las motos y me compré una Honda CB360T. Estuve montando en ella una temporada y después, en 1977, hicimos una gira por Europa y yo ya no podía dejar de pensar en las motos. A uno de nuestros técnicos le gustaban mucho, así que hablábamos de ellas continuamente y comprábamos revistas especializadas. Organizamos una visita a la fábrica de BMW, y fue impresionante. Sin embargo, luego me enganché a la Moto Guzzi y en cuanto terminó la gira me compré una. Todos los domingos por la mañana los moteros de la zona, incluyendo a Arnold Schwarzenegger y Jay Leno, nos reuníamos en The Rock Store, en Malibu Hills, que era un lugar muy agradable. Era una gozada recorrer los cañones en moto, y eso me hizo aficionarme aún más.

PREGUNTA: ¿Recuerdas algún viaje en moto especialmente memorable?

JOHN: A través de un amigo común conocí a Patrick Pons, el motociclista francés, y en 1980 nos invitó a verle correr en Silverstone. Antes de eso, conseguí que accediera a prestarme una de sus motos para que un amigo y yo pudiésemos hacer una ruta por Francia. Por desgracia, Patrick se mató en Silverstone ese año y eso nunca ocurrió, así que terminé adquiriendo una Honda CBX1000 para hacer la ruta, mientras mi amigo iba con su Goldwing. En aquel viaje llevábamos unos intercomunicadores de radio ilegales de corto alcance. Mi amigo era “Roast Beef” (“Carne al Horno”), yo era “Yorkshire Pudding” (“Pudin de Yorkshire”) y nuestras mujeres eran “Apple Pie” (“Tarta de Manzana”) y “Custard” (“Natillas”). Viajamos por Bretaña, Burdeos, Niza y los Alpes. Al final vendí la Honda y me compré una Ducati, una réplica de la que tenía el piloto Mike Hailwood. La recogí en Suiza, la llevé hasta París y después pedí que la transportaran en barco a California, lo que fue un gran error… Tardó unos cuatro años en conseguir pasar las aduanas.

PREGUNTA: ¿Qué coches tuviste durante tu estancia en América?

JOHN: Tuve un Land Rover que había pertenecido al Ejército, de esos largos con la parte trasera cubierta de lona. A veces apoyaba la cabeza en la parte cubierta por la lona y la gente se asustaba pensando que no había conductor, ¡era muy divertido! También dediqué mucho tiempo a corregir a los americanos que me preguntaban qué modelo de Jeep era ese. Luego tuve un Alfa Romeo GTV 2000 y un Ferrari Mondial. Mi hijo Charles iba a clase en los cañones y solíamos cronometrar los viajes que hacíamos a la escuela. ¡El pequeño Alfa siempre le ganaba al Ferrari! Charles siempre fue a clase en una gran variedad de vehículos: el Alfa, el Ferrari, el Land Rover e incluso la Moto Guzzi.

PREGUNTA: Mañana vas a adquirir una nueva Ducati Scrambler para tu colección… ¿Qué es lo que te ha convencido?

JOHN: Mi hijo me está insistiendo para que vuelva a interesarme por las motos. Mis dos hijos heredarán algunas de mis motos, y me apetece comprar una sencilla. Sólo he leído cosas buenas de ella. Ya estoy entrando en una edad avanzada en la que no quiero ir encorvado sobre el manillar sino en una mejor postura de conducción, y creo que además iré un poco más despacio que antes. También quiero comprarme un Land Rover de siete plazas, un Keswick Green, así que podremos enganchar un remolque y llevar las motos atrás, además de un montón de pasajeros en el coche.