Me siento muy identificado con las sensaciones que tiene Jay Eberts sobre el management de Roger. Desde hace tiempo, opino lo mismo: lo impregnan todo de una hostilidad, una agresividad, un egocentrismo y un yo-qué-sé, totalmente innecesarios y que no se corresponden para nada con los valores que transmite Roger con su música y como persona. Pero lo más triste de esto es que él se haya dejado llevar bastante por esos derroteros...
A mí estas me recuerdan a esas multinacionales sin escrúpulos que pretenden competir a lo bestia sin reparar en las consecuencias y arrasando con todo y con todos a su paso. Eso sí, todo con mucha paz y amor... ¡Es que ni Sue, oiga!