La frescura es innegable, y el hecho de que estas canciones suenen tan bien en su fase de concepción o en versiones más "crudas" dice mucho del talento compositivo de los autores. Pero hacía falta un artífice para moldear y dar salida "técnica" a esas ideas, y de ese modo impulsar a un grupo brillante en la concepción, pero no tanto en los arreglos o la interpretación.
El mérito de Ken Scott es inmenso, y esa atmósfera tan idiosincrática que supo desarrollar, y que nos dejaba boquiabiertos hace treinta y tantos años, es inseparable del sonido "Supertramp". Gracias a ello ahora nos maravillan estas "rarezas", porque nos permiten valorar tanto el puro talento de una banda en formación, como la resolución de un ideal.
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