Entrevistas en exclusiva
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Estamos celebrando el 11º Aniversario de THE LOGICAL WEB con un homenaje a los primeros años de Supertramp (1969-1973). Participa en los diferentes contenidos especiales que hemos preparado
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Crónica de J.M. Costa para el diario español "ABC" sobre el concierto ofrecido por Supertramp en Madrid dentro de la gira "World Migration".
No estuvo mal Supertramp. No hace falta decir que a sus fieles les parecería una maravilla, pero incluso los más escépticos, quienes despachan al grupo con la palabra dinosaurio, no pueden dejar de apreciar la bondad y honestidad de éstos. Hicieron un concierto excelente y a eso no puede dársele más vueltas.
Una vez huido del grupo Roger Hodgson y su voz atiplada, el resto de los componentes se vieron en la necesidad de realizar una especie de redefinición y lo consiguieron mejor que Genesis.
Si el Supertramp clásico, el de ‘Crime of the century’, ‘Crisis? What crisis?’, ‘Even in the quietest moments’ o ‘Breakfast in America’ era un grupo de pop algo bombástico y afectado, pero pop al fin, el nuevo Supertramp se decantó más y hacia una suerte de rhythm and blues, también ligero, pero capaz de facilitar ciertas inflexiones jazzísticas que, paradójicamente, modernizan su sonido.
La presencia escénica no se ha recargado en exceso y apenas había más efecto especial que su sempiterna pantalla de proyecciones, donde en un momento dado volvió a aparecer la película de un tren a cámara rápida que ya utilizaron en su gira triunfal del 77, fecha de su primera visita a España. Por lo demás, unos cuantos varilities y focos suficientes.
En realidad venían a hacer música sobre la complicidad que les otorga disponer de un amplio repertorio de éxitos masivos, de aquellos que ya pertenecen a la memoria colectiva y los más jóvenes identifican con igual facilidad y mayor alborozo que los mayores.
A los cuatro miembros originales de la banda (Rick Davies, voz y teclados; John Helliwell, saxo; Dougie Thomson, bajo; y Bob Siebenberg, batería) se les han unido más percusiones, más teclados, guitarras e incluso una sustitución a la voz de Hodgson en la persona de Mark Hart.
Tales incursiones no están destinadas a hacer bulto físico y sonoro, sino a la “complejificación” de una música que se escuchaba perfectamente en un Palacio de los Deportes casi lleno (Art Ensamble of Chicago, Miles y Peter Gabriel también sonaron muy bien; se ve que es cosa de saber).
Por lo demás, y en medio del agrado que produce escuchar a unos perfeccionistas simpáticos y no pagados de sí mismos, ir desplegando una ristra de canciones, como poco bien construidas y bastante reelaboradas, el espectador podía ir ampliando su sonrisa.
No era, por decir así, un concierto seductor, pero sí uno tranquilo y placentero, realzado puntualmente por joyas como pueden ser ‘Bloody well right’, ‘Rudy’ o incluso alguna más reciente como ‘Cannonball’.
El cronista sufrió durante todo el día decenas de risitas cuando explicaba su obligación de ir a este concierto. Sin embargo, a veces la música trae estas sorpresas y quienes se quedaron viendo ‘Luz de luna’ perdieron un buen momento. Tampoco de alucinar, pero bueno.