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Tema instrumental compuesto y grabado por Supertramp en 1970 para la banda sonora de la película “Fegefeuer”.
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Supertramp en Madrid ("El País", Enero 1986)

Publicado en Crónicas de conciertos

Nacho Sáenz de Tejada, del diario "El País", estuvo en el concierto que Supertramp dio en la gira "Brother on the road" en la capital de España.


La hora anunciada en las entradas, que costaban 2.000 pesetas, para el comienzo del concierto-reencuentro de Supertramp con los escenarios madrileños era las nueve y media de la noche. Una hora antes, saltaban a la palestra los cinco componentes del grupo catalán Banco. Durante cuarenta minutos amenizaron la entrada del público, que en su mayor parte se perdió la actuación.

Igual pasó con Los Cardiacos y Sting, lo que viene a corroborar que los teloneros, en el sentido peyorativo de la palabra, siguen cumpliendo su función de relleno, sin más. Habrá que irse acostumbrando, aunque sea una desconsideración hacia el público y grupos españoles.

Tras el pop-rock de Banco, y después de media hora de espera, se puso en marcha esa máquina bien engrasada del rock concebido como excusa para ofrecer el espectáculo asequible y digerible que es Supertramp.

Hasta 1983, el grupo era una especie de monstruo del ‘rock business’ con dos cabezas: Roger Hogdson y Rick Davies. Tras la deserción del primero para iniciar una carrera en solitario, Davies concentra la idea la composición y la voz.

En directo, también acapara buena parte de esos 500.000 vatios de luz y 100.000 de sonido que hacen de Supertramp un martillo pilón que cae sobre las cabezas de los entregados espectadores sin dar demasiada opción a otra cosa que no sea aguantar el apetecido chaparrón.

La música de Supertramp se basa fundamentalmente en estructuras clásicas del ‘rhythm and blues’, pasadas por mil tamices seleccionados por el piano de cola de Rick Davies, que alejan el resultado final del origen y lo convierten en un pop rítmico, comercial y enérgico.

Los esquemas se repiten una y otra vez, planeando sobre ellos las canciones. Cuando se alargan peligrosamente, se abre el telón y aparecen los vídeos perfectamente sincronizados, que forman tanta parte del espectáculo como la música, la puesta en escena, las luces y el sonido.

Y ya que hablamos del sonido, en el Palacio de los Deportes todo suena sin matices. Hay que hacer verdaderos esfuerzos para distinguir el juego de guitarras, el bajo o los teclados, mezclados en una bola sonora y espesa que varía en función de la ubicación de cada uno en el local. Y esto, en un grupo como Supertramp, donde la perfección técnica es la meta y la posibilidad de equivocarse no existe, es un hándicap importante.